Reflexión de la Diácona María Elena Parras

2 de diciembre de 2025

Isaías 11:1-10  – Mateo 3:1-12

Estamos caminando este tiempo de Adviento, de preparación y espera para el nacimiento de nuestro Salvador en la confianza que Dios nos acompaña en cada paso. 

Recordamos que “el Adviento posee una doble dimensión: no solo es la preparación de la primera venida de Jesús, la Navidad, sino también la espera vigilante de Su Segunda Venida” [1]

Este segundo domingo de Adviento de 2025 nos dejamos guiar por la Palabra en la espera activa a través de la conversión que nace de la fe, inspiradas en el texto de la esperanza del Reino de Paz y Justicia que encontramos en Isaías 11:1-10 y en la historia de vida de Juan Bautista, que encontramos en el evangelio Mateo 3:1-12.

Algunas claves para leer el evangelio de esta semana, Mateo escribió para los cristianos convertidos del judaísmo -los hijos de Abraham- por lo que cita las escrituras de los profetas, como una forma de confirmar en primer lugar que Juan es parte de la historia de salvación, anunciado por el profeta Isaías (40) para preparar el camino delSeñor, y afirmando el poder del que viene.

Mateo nos trae el testimonio de una “una voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.”  Este testimonio nos llega desde una narrativa de vida comprometida, vacía de bienes y en la confianza plena de que Dios lo sostiene. Muchos acudían a ante este llamado.  Y los convocaba al arrepentimiento, al cambio y al bautismo en el Jordán como una purificación moral e iniciación a la comunidad de la espera activa del Mesías.

También acudieron los Saduceos -la aristocracia conservadora quienes tenían el poder del Templo y no creían en la resurrección- y los Fariseos que si creían en la resurrección y tenían el poder en las sinagogas. 

Ante esta presencia Juan se dedica a denunciar las injusticias e hipocresías que estaban presentes, nombrando y reconociendo la falsa seguridad que aportan tradiciones, la ley, el poder y los bienes que sostenían estos últimos.

Ahora les invito a Uds. identificar ¿dónde estarían presentes hoy las injusticias e hipocresías como las que denunció Juan en cada uno de sus contextos?

La Palabra también anunciaba a todos la esperanza puesta en el que ha de venir; cuyo poder no tiene precedente – y del cual Juan con toda su vida dedicada no era digno ni de llevarle las sandalias- Él bautizara con el Espíritu Santo.

En el Adviento somos llamadas a la conversión, a la transformación del corazón y la mente, recordando que no estamos solas en esta tarea de conversión; Dios nos acompaña.

Es un tiempo para ver la vida desde la perspectiva de la promesa divina, incluso en situaciones difíciles, áridas como el desierto o muertas como la imagen del tronco que, aunque cortado, aun allí renace la vida.

Dios nos llama desde la Palabra y desde la vida que acontece en nuestros contextos a disponernos en cuerpo, mente y corazón para compartir la manifestación del Dios de la vida en nuestras comunidades y en nuestras vidas, identificando donde están los poderes que causan sufrimiento y muerte, cuáles son los desiertos de hoy que aún guardan esperanza.


[1] Reflexión primer domingo de adviento IELU 2025, Daniela Caínzos.

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