Reflexiones desde la fe ante las situaciones de violencia institucional de los últimos días

Soy acaso yo guarda de mi hermano?

En el libro del Génesis nos encontramos con Caín que tras matar a su hermano Abel  pregunta: “Soy acaso yo guarda de mi hermano?” Y la respuesta es Si, Y lo mataste. Por eso “La sangre de tu hermano, desde la tierra, clama por justicia”.

Las Iglesias evangélicas estamos preocupadas ante la escalada de violencia institucional y social que se alimentan una a otra, al tiempo que se suceden reiteradas excusas casi tan violentas como las acciones que intentan justificar.

Con tan solo algunas horas de diferencia, un agente de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires mató de una patada, sin estar en situación de riesgo, a Jorge Martín Gómez, que venía caminando por una bicisenda. Sus jefes policiales y políticos lo excusaron y protegieron, pero un video muestra la acción del  policía con crudeza. La violencia policial se puede encauzar políticamente, al menos para  que los casos de violencia sean penalizados en lugar de ser premiados. Pero hoy se da lo contrario.

Igual acción criminal se manifestó en el caso de Vicente Ferrer, el anciano asesinado por personal del supermercado COTO. En este caso no era personal del estado, pero es plausible que  represente a una parte de la población que se siente respaldada por un discurso oficial y mediático que fomenta el odio como catalizador político.

Estas actitudes ponen en riesgo la convivencia democrática. En el pasado de la Argentina también fue necesario generar un caldo de cultivo  para los experimentos autoritarios, que no nacen de repente sino que se van gestando con situaciones como las que mataron a Jorge y a Vicente. Sabemos que los experimentos autoritarios en nuestro país han tenido un importante consenso social. Y por eso promover el odio es no solo perverso sino sumamente peligroso para todo el tejido social, porque ese discurso  toca fibras que ya están presentes en la cultura y pone a rodar una bola de nieve.

A las iglesias estas situaciones nos interpelan desde nuestra fe, pero ciertamente no hace falta compartir esa perspectiva para repudiar y denunciar estas crueldades. Como comunidades cristianas de la tradición de la Reforma Protestante nos unimos a todas las personas y colectivos sociales que las denuncian y que se comprometen en la construcción de una sociedad más justa y compasiva.

Jesus dice: “Todo lo que hicieron por uno de mis harmanos más pequeños, por mí mismo lo hicieron”

El prójimo fue Jorge, quien fue asesinado a golpes por un policía. También Cristo fue Vicente, asesinado por llevarse comida de un hipermercado.

No podemos quedarnos como espectadores de una situación que envilece la condición humana, que quiebra los lazos de humanidad y socava los lazos de pertenencia y confianza ciudadana. El bien puede más que el mal, pero el bien requiere de protagonistas. Bienaventurados quienes procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios.

Iglesia Evangélica del Río de la Plata
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Iglesia de los Discípulos de Cristo
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