Mensaje de Navidad

Esas incómodas Buenas Noticias de Dios

Cada niño que nace es una señal de que Dios todavía no se ha cansado del ser humano” (Rabindranath Tagore)

… María partió y fue sin demora a un pueblo de montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno. Y Elisabet, llena del Espíritu Santo exclamó: ‘Tu eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme?… feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor’” (Evangelio según San Lucas 1:39-45)

En aquella época apareció un decreto del Emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo… cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazareth, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén le llegó el tiempo de ser madre; y María dió a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue” (Evangelio según San Lucas 2: 1-7)

Al acercarnos a la Navidad, les proponemos detenernos primero en un relato que prepara el cuadro del pesebre: el encuentro de Elisabet y María (Lucas 1:39-56), dos mujeres que representan a la antigua y a la nueva alianza de Dios con su pueblo. En el relato de Lucas, luego de la confirmación de la promesa de Dios que hace Elisabet, María expresa su alegría, confianza y gratitud, en esa preciosa oración que conocemos como el Magnificat (Lucas 1: 46-55). Una oración catártica que también tienen lugar sus intuiciones y anhelos luego de la visita del Angel.

Elisabet y María hicieron de cunas para presentar un nuevo tiempo en la humanidad. Nuevo tiempo que se sella con la llegada de Juan el Bautista y Jesús; nuevas vidas que irrumpen en una sociedad conflictiva y traumática, que Juan el Bautista y Jesús señalaron como radicalmente injusta, violenta e hipócrita, lo que les costó a ambos la vida, a manos del poder imperial de Roma y de sus aliados locales.

Luego del encuentro de María y Elisabet, Lucas nos relata que por orden del emperador María y José debían empadronarse en la ciudad de José. Un trámite burocrático que tenía el objetivo de recaudar impuestos para el imperio. Y que, por supuesto, no contemplaba la sensibilidad física y las necesidades de una joven embarazada; el imperio debía tener una clara estadística de sus habitantes para poder recaudar sin excepción de condición social, o más bien recaudando de todos, pero siendo más duro con los débiles y más tolerante con los poderosos. En ese contexto, y sin tener siquiera recursos para alojarse, nace Jesús.

¿Cómo vivimos hoy en este tiempo en el cual también nos preparamos para recordar el nacimiento de Jesús? ¿Qué se ha modificado en nuestra sociedad?

Ciertamente, nuestra sociedad sigue siendo conflictiva y traumática, y también radicalmente injusta, violenta e hipócrita. Eso no cambió. Y es bueno recordar que, del mismo modo que en la sociedad del tiempo de Jesús hubo personas que activamente promovían la injusticia y la violencia, también nosotras y nosotros no somos solo víctimas de la injusticia sino que nuestros gestos y nuestras actitudes pueden amoldarse a esto por ignorancia, miedo, comodidad, cobardía -o una mezcla de todo esto, pero también tienen la posibilidad de señalar las injusticias y proponer formas distintas de vincularnos.

Una característica sobresaliente que tienen hoy nuestras sociedades actuales es la presencia de las redes sociales (incluso es probable que este mensaje te haya llegado a través de alguna!).

Las redes nos prometen estar en comunicación con todo el mundo, instantáneamente. Sin embargo, muchas personas estudiosas de la comunicación señalan que esto que suena maravilloso, tan abierto y democrático, donde todas las personas interactúan con todas las demás, en la práctica funciona como un generador de “burbujas” a medida de nuestros gustos, convicciones y prejuicios. Como todas las personas preferimos las opiniones que refuercen nuestro propio pensamiento, cada una va seleccionando -incluso inconscientemente- con quienes interactúa, y con el tiempo queda interactuando y recibiendo información solo de fuentes que no le cuestionan su comprensión del mundo.

Navidad es recordar que Jesús viene también a poner en evidencia y cuestionar la confortable burbuja en la que nos refugiamos. Él mismo sale de su “burbuja sagrada” de santidad, trascendencia y pureza para hacerse uno con nosotros y nosotras. Para confortarnos y sanarnos, si. Pero también para cuestionar las burbujas -sociales, políticas, económicas o religiosas- en las que nos escondemos.

No se trata de salir con un alfiler a pinchar las burbujas de las demás personas, sino de tomar conciencia de cómo yo estoy también encapsulado, tomar consciencia de mi propio encierro. Y ciertamente tampoco se trata de proponer un voluntarismo ingenuo, o negar y esconder las legítimas convicciones. Sino es la invitación a estar abiertos y abiertas a que alguna información que pone en cuestión nuestra burbuja puede ser verdad, o una buena noticia.

Seguramente esta Navidad nos confronta otra vez con el tiempo de lo viejo que hemos vivido, lo ya pasado, y lo nuevo que viene.

El Evangelio de Lucas, al relatarnos el encuentro de María y Elisabet, dos mujeres que representan diferentes generaciones pero que están íntimamente vinculadas por su historia, y por el proyecto de Dios que están llamadas a encarnar, nos lleva a pensar a quienes vivimos nuestra fe en comunidad, en distintos modelos de iglesia que tal vez representen distintos momentos y generaciones, pero que aprenden a convivir y aprender uno de otro, entendiendo que están vinculados por la historia común y el proyecto de Dios del que están llamados a encarnar. Distintos modelos de iglesia que también nos proponen Juan en el desierto y Jesús en el camino de pueblo en pueblo. Juan anunciando un nuevo tiempo y Jesús siendo el nuevo tiempo.

¿Cuál será el nuevo tiempo para nosotros y nosotras hoy?

Quiera Dios que tengamos una bendecida Navidad, receptiva a las personas a nuestro alrededor; a su palabra y a sus necesidades.

Buenos Aires, 16 de diciembre de 2017

Wilma Rommel                                          Gustavo Gómez Pascua

Pastora Vicepresidente                             Pastor Presidente

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