Las familias confesionales evangélicas y católicas se unieron en conmemoración de los 500 años de la Reforma, en la Catedral de Buenos Aires

Vista del frente durante el servicio
La predicadora evangélica de la conmemoración, con algunas colegas que también participaron

El 15 de septiembre tuvo lugar un encuentro singular para la vida de la iglesia católica y las iglesias de la tradición de la reforma protestante. En la Catedral Metropolitana se realizó una conmemoración en conjunto de los 500 años de la reforma, bajo la forma de una Oración Común.
La Oración Común es una iniciativa de carácter global que surgió como corolario del documento del díalogo católico-luterano “Del Conflicto a la Comunión”. Muchas y muchos recordarán la visita del Papa Francisco a la Catedral luterana de Lund (Suecia), el 31 de octubre de 2016. En esa oportunidad se realizó junto al Presidente de la Federación Luterana Mundial, Obispo Munib Yunan, el Secretario General de la FLM, P. Dr.  Martin Junge, y la Obispa de la Iglesia de Suecia, Dra. Antjke Jackelen, un servicio religioso en el que se reconocieron errores y pecados por ambas partes, así como se celebró la diversidad de la acción de Dios más allá de las limitaciones humanas e institucionales.

En Argentina, Por una fraterna y generosa iniciativa del Arzobispado de Buenos Aires y junto a las iglesias protestantes reunidas en la Comunión de iglesias de la Reforma ( a saber, la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, la Iglesia Evangélica Reformada Argentina, la Iglesia Valdense del Río de la Plata, la Iglesia Evangélica Metodista Argentina, y la Iglesia Evangélica Luterana Unida), también hubo un tiempo de mutuo reconocimiento, de escucha de la Palabra y de reafirmación del compromiso de la unidad. El evento contó con la participación de coros  católicos y evangélicos, y la predicación de la Palabra estuvo a cargo del Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Mario Poli, y de la Pastora luterana Dra. Mercedes García Bachmann.

500 años después de la ruptura que significó Martín Lutero, las iglesias herederas de aquellas tradiciones reconocen su historia común, los importantes avances en los diálogos teológicos y su llamado al testimonio del amor de Cristo en un mundo fragmentado y quebrado. Gracias a Dios por ello!

 

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